El hombre y la vida (II). Las facultades del hombre: inteligencia, voluntad, afectos

Una pequeña apreciación sobre el hombre y su vida: la vida del hombre no es una mera sucesión de hechos, que transcurren sin que el hombre pueda hacer algo al respecto. Esto se puede decir de un animal. Los animales son, como mucho, meros espectadores de sus existencias. Son espectadores porque no pueden realmente decidir sobre sus acciones. Un león puede decidir comerse una gacela… Pero, ¿es libre? No. Está dentro del orden de lo instintivo. Un hombre puede decidir comer… O puede decidir ponerse en huelga de hambre, y este es tan sólo un simple ejemplo.

Hay algo muy curioso en el hombre, y es que no es mero espectador: es protagonista. Es protagonista porque la realidad no es para el hombre algo que le impacta y frente a la cual sólo es posible una respuesta determinada por una serie de instintos. El hombre tiene la curiosa capacidad de enfrentarse (en el sentido de ponerse en frente) a la realidad, de conocerla. Aristóteles concebía la actividad de conocer (theoría) como la actividad más perfecta. Dios es para Aristóteles la intelección de la intelección (noesis noéseos): perfecto conocimiento de lo más perfecto, esto es, Dios mismo. No quiero extenderme en la concepción aristotélica del conocimiento por ahora: quiero hacer notar que es una capacidad que tiene el hombre de aprehender la realidad, de abrirse a ella.

Pero esta capacidad sólo no hace al hombre ser hombre. Posee otra facultad, otra potencia por la cual tiende de un modo consciente hacia lo que considera mejor. Esta facultad es la voluntad, que tiene una característica muy peculiar: es libre. Es decir, la voluntad puede autodeteminarse. El hombre puede dirigirse hacia la consecución de algo. 

Hemos hablado de dos dimensiones: inteligencia y voluntad. Quedan los afectos, las tendencias del hombre, que son buenos, ya que tienden al bien. El hombre así se presenta con una unidad característica. Separar estos aspectos, o “concentrarse” tan solo en uno de ellos olvidando el resto es un desorden que se paga muy caro: el precio es el hombre.

Así pues, el hombre es un animal, con tendencias, pero que se abre hacia lo real, viviendo de un modo consciente: conoce la realidad, y luego conoce que conoce (El famoso cogito, ergo sum cartesiano es un desorden: sólo se conoce lo que está en acto. Lo primero es conocer, una vez se ha conocido, la potencia de conocer se encuentra en acto segundo, y puede volver sobre sí misma: puede conocer que conoce).

Después de todo este pedaleo, la conclusión. Se me hace muy amable oír que el hombre es viator, caminante. ¿Qué busca el hombre? ¿Para qué todas estas facultades? ¿Para qué vive el hombre? ¿Hacia dónde camina el hombre con su vida? Me gustaría hablar sobre ello, pero temo haberme extendido demasiado: lo haré más adelante. Hasta entonces dejo unos versos de Machado:

Caminante, son tus huellas

el camino y nada más;

caminante, no hay camino,

se hace camino al andar.

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Una respuesta a El hombre y la vida (II). Las facultades del hombre: inteligencia, voluntad, afectos

  1. daniela arango jaramillo dijo:

    es lo peor! mi profesora es una monja es muy estricta y cada ves que nos pide una consuta quiere la vida del autor y en estos parafos no apareca en autor me van a revajar muchisimo!

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