El problema de Dios, y la soledad del hombre ( I )

No pretendo de ninguna manera plantear una demostración de la existencia de Dios: quiero, tan sólo aproximarme a una idea del hombre sin Dios.

La persona no es pensable aislada. Lo propio de la persona es ser-con, co-ser,  y  como diría Polo, “ser además”. Por ello, una de las cosas que más profundamente afectan al hombre es la soledad: porque le resulta antinatural. Podemos desear la soledad momentáneamente, siempre como algo transitorio. Pero prolongar la soledad marca al hombre como un estigma. La persona es el ser que es libre, esto es, que dispone de sus actos. Pero, ¿Por qué actuamos? ¿Para qué?

La persona humana vive: busca, encuentra, ama, sufre, llora, piensa… El ser humano es profundamente carente. Mi perro come, duerme y juega con otros perros: y ya está. Pero el hombre se ve, desde que es un infante, proyectado hacia una vorágine de actividades. Estamos constantemente haciendo cosas, buscando cosas: un buen puesto de trabajo, pasar un buen fin de semana, el amor de otra persona, la educación de nuestros hijos… ¿Qué nos falta?

Es curioso: la libertad tiene como precio un inmenso agujero en nuestro interior. Buscamos una vida que sea lo mejor posible. Algunos buscan un mundo mejor. Nuestra libertad – podemos libremente hacer cosas–, aunque parezca algo extraordinario – que de hecho lo es –, nos enfrenta con el hecho de que necesitamos. El animal propiamente no necesita (como necesita el hombre). Tiene necesidades, que una vez satisfechas, no prosiguen con su imperiosa llamada. El hombre, si consigue una vida acomodada, y satisface todas sus necesidades se acaba… ¡Aburriendo! ¡Nos aburrimos, cosa absurda pero cierta!. Las cosas nos acaban aburriendo. Las relaciones con otras personas se acaban. La vida se acaba.

Bono, el Cantante de U2, decía “I have a God-shaped hole”: tengo un agujero con forma de… Dios.

Buscamos algo inmenso, que de ninguna manera logramos describir, pero que es como la música de fondo de nuestra vida. Algunos dicen que es una farsa,algo inexistente. Otros, sin embargo creemos que no es así. Pues bien, aunque se niegue su existencia, el problema estará ahí: es algo constitutivo nuestro, una herida sangrante en lo más hondo de una persona.  Todo el mundo, sea creyente o no, se hace esa terrible pregunta: ¿Hay o no hay cura para esa herida?

(Continúa en la siguiente entrada)

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